Reformemos la Constitución Española… pero a fondo

Desde que en agosto de 2007 irrumpe en escena la devacle de las hipotecas basura en Estados Unidos, hasta agosto de 2011 en que el PP y el PSOE se ponen de acuerdo en reformar la Constitución Española para limitar el déficit público, tan solo han pasado 4 años…plenos de retrocesos sociales y de claudicación a las consignas del gran capital.

El mes de agosto parece ser propicio para abordar la nave de las finanzas públicas, bueno, los restos de su naufragio, que ya los planes de rescate a los bancos y cajas las dejaron más limpias que una patena. Se quiere limitar el déficit y el endeudamiento público, en España. En la Unión Europea del capital, desde el Tratado de Lisboa ya está consagrado el principio del libre movimiento de capitales especulativos, y desde el Tratado de Maastricht la financiación de los déficit públicos pasa a ser negocio exclusivo de los bancos privados y los grandes fondos de inversión. En fin, el poder del dinero para machacar los restos de lo social y de lo público, para complicar la vida a gente humilde y sencilla que nada tienen que ver con esta sinvergonzonería del enriquecimiento rápido y sin escrúpulos.

Cuando los partidos políticos más representativos en el actual arco parlamentario van de la mano en estas pretensiones, no queda más remedio que salir a la calle pacífica y masivamente a exigir un referéndum constitucional, no votarles (por supuesto) y que el resto de partidos, plataformas y colectivos con sensibilidad social sean capaces de articular una respuesta política electoral UNITARIA ante las próximas elecciones generales del mes de noviembre. Hasta que abordemos una profunda reforma constitucional que satisfaga las demandas emergentes de buena parte de la sociedad plasmadas a partir del 15-M, nos guste o no, la participación política ciudadana toca canalizarla a los procesos electorales, para desde las instituciones, cambiar las reglas del juego.

Además, sin perjuicio de lo anterior, todo lo que sea avanzar en nuevas formas de organización comunitaria a pequeña escala y en cercanía, para afrontar las necesidades básicas de la gente de forma autogestionaria, va a ser fundamental para no rendirse ante el empuje desregulador e individualista del neoliberalismo. Los Estados centrales e incluso las comunidades autónomas deben dejar paso a municipios y otras organizaciones sociales que deben ser protagonistas en los tiempos venideros, favoreciendo la participación y el control de la gente mediante fórmulas adaptadas a sus necesidades y aspiraciones.

Mientras logramos cambiar este mundo, podemos comenzar por cambiar nosotros/as mismos/as en lo más cotidiano, y buscar alcanzar el poder político para romper las concentraciones de poder que tienen lugar en nuestras sociedades, organizándolas no para más gloria del capital, sino para el buen vivir y la dignidad de las personas.

Fuente: Gregorio López Sanz – ATTAC Albacete.

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